Amanezco al mediodía
la baba se me pendulea en la comisura
pendulearse no se si existe, es ficticio
ficticio como el perfume
,parecido a algo que existe,
que me regalo mi vieja
vivo el día
duermo el día
es de noche
es de cansancio
es de espera
es de quedarse
es de ser
es de no salir a buscar nada
nada mi mano desnuda
en la olla de agua fria
arrancado la polenta en remojo
relamiemdo las ampollas
las
úlceras
de
mi
boca.
Los textos se fugan de los renglones, de los márgenes, de la tapa de atrás de los cuadernos. Se escapan y vienen a parar aquí...
Entradas populares
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Caigo en el suburbio del decrépito amanecer que me saluda... mientras extraño a mi amada noche que me inspira cual musa que me susurr...
martes, 22 de julio de 2014
Y te das cuenta que sos mortal
martes, 1 de julio de 2014
El de al lado
Salto las baldosas de dos en dos, atrás las
voces se sienten, pero yo no las escucho, las
ruedas del carrito se quejan y hacen
brrrrrrrrbrrrrrrbrrrrrrr, doblo en la esquina,
camino despacio con cuidado y en silencio no vaya a ser que me pise la sombra, o que
me tropieze con ella. Alguien me puso el sol
atrás.
jueves, 12 de junio de 2014
Chicle
Ahí vas
como de fantasía
perfumame a chicle de fruta
teñime el cielo de rosado
rosado chicle
rosado boca
boca que babea
que es túnel
que infla un globo
un globo de chicle
que explota como mi cabeza
que se deforma
que se mastica
sabor tutti frutti
sabor inventado
todo mezclado
todo mezclado.
martes, 13 de mayo de 2014
Los participantes
Los cachetes se le hichaban, una curva debajo de su nariz los inflaban. Corrompía a la plaza entera, tan gris, tan cemento. Las palabras con edulcorante viajaban por el teléfono. Ella se enroscaba el pelo en el dedo, se escapaba del mundo. Se había convertido en una voz que flotaba. Como me gustaría ser el que está del otro lado pensé.
El viento la despeinó.
-Te amo gordo- le dijo al aparatito que sostenía en la mano.
-Yo también- le murmuré al micrófono de mi celular.
martes, 6 de mayo de 2014
La niebla
Las nubes tapiaban el cielo. Bajé del colectivo todo apretado y caminé. Izquierda, derecha, izquierda, derecha, izquierda, derecha. Tenía que rendir un recuperatorio; si un recuperatorio porque había reprobado. Nunca reprobé en mi vida y no sabía porque, bueno en realidad si sabía pero trataba de que no me importara. Izquierda, derecha, izquierda, derecha, izquierda, derecha. La humedad ingresaba en mi nariz, había niebla, faltaban gotas, pero ya llegaban. Izquierda, derecha, izquierda, derecha, izquierda, derecha. Iba por la tercer cuadra, faltaban dos. Tendría que haber hablado antes y no haberme mandado así como así, soy un pelotudo. En la poética de Aristóteles... Había interferencias en mi cabeza, como dos radios sintonizadas al mismo tiempo, las dos hablaban, las dos decían.
Falta una cuadra para rendir.
Una mujer saluda a un otro que está en la vereda de en frente, la niebla se abalanza sobre la mujer, ella grita, ella cae en forma de muerte. Todos gritan y yo con la mirada entumecida y las piernas clavadas pienso. Hay un arte que se vale solo de palabras y no tiene nombre...
jueves, 1 de mayo de 2014
Onomatopeya
Toco con el dedo justo ahí
en la columna que sostiene a la cabeza
-tengo un grito atascado-
se sienten las patitas de araña
que pinchan, y pinchan
y pinchan, y pinchan
pinchan cada vez que tantean
el suelo de mi garganta
la masa negra burbujea y se hace notar
patalea, palpita
se disfraza de fantasma
tengo un grito atascado
tengo un grito y va a nacer.
lunes, 10 de marzo de 2014
La leyenda de la cola
Cuenta la leyenda que en el tiempo en el que El Tiempo caminaba en alpargatas por los suelos de estos lados, vivió una bella muchacha de nombre dulce, tan dulce que aquellos que lo pronunciaban se les alegraba la lengua y las abejas se amontonaban para llevarse algo del dulzor que se producía.
El Tiempo era querido por todos de la forma en que se quiere a un padre. Y eso le jugó en contra.
La muchacha de cabellos desordenados y nombre dulce caminaba cerca de las montañas buscando los espejos que se formaban en los charcos. El Tiempo la miraba a lo lejos, se le ablandaban las palabras en la boca, los ojitos le brillaban, el corazón se le escapaba, pero se quedaba quieto mirando como la muchacha se reía de verse a ella misma. Ese día de tanto mirarla, la joven sintió unos ojos que le pesaban en la espalda, se dió vuelta y pudo ver al Tiempo a lo lejos y corrió a abrazarlo. Él se alegró, el corazón ya no era corazón, era un tambor que cantaba. El Tiempo extendió los brazos y atajó a la joven y le buscó los labios y se sintió perdido, no encontraba nada. La joven lo apartó. Le explicó que ella lo quería, pero no como se quieren los novios.
A ella la hacía sentir pájaro otro hombre. Ese que no se le sabía el nombre porque era muy rápido y no se estaba quieto lo suficiente ni siquiera para decir como se llamaba. Ese que era tan rápido que a veces miraba para atrás a ver si se seguía.
El Tiempo se guardó todo menos el silencio. La muchacha le besó la mejilla y se fué sin mirar atrás.
Pasaron los soles y las lunas.
El Tiempo enojado con todos y con el mismo, desató su tristeza en aquél que era rápido como viento haciendolo esperar. Lo puso a hacer una fila para cruzar del Día a la Noche, una fila en donde primero había que ir a mesa de entrada a sacar número, después de ahí ir a las oficinas que estaban al sur para sacar permiso para ir a la Noche, depués esperar que le aprueben el permiso y después volver a sacar número.
El Tiempo se olvidó de cortar el castigo porque aún recuerda a la de dulce nombre.
Y así nació la burocracia.