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sábado, 27 de septiembre de 2014

Esperanza bajo la cama

Tic tac, tic tac, tic tac...
Esperaba paciente, esperaba que en algún momento llegaría, pero ¿cuándo?
Lo único que podía ver eran las vigas del techo y algunos adornos de colores colgando de ellas. Lo único que podía oler era la soledad, el abandono. Y para alguien como yo esas cosas se olían en mi propio cuerpo en forma de polvo. Sola, así me sentía. Lo único que podía escuchar eran voces lejanas, llantos, gritos y pasos apurados. Oía la tristeza. Pero no sentía una sola cosa. Sentía todo. Sentía como mis
costuras lentamente se deshacían, la
quietud en el ambiente, la húmedad
por todos lados. Sentía mi corazón de trapo
romperse con cada llanto oído. Se rompía una y otra vez.
Quería volver a verla.
Necesitaba volver a soñar con ella.
Pero mi sueño era inalcanzable porque ella estaba muerta y se había llevado mi esperanza y todas nuestras aventuras bajo la cama.
Si tan solo pudiera moverme y reposar hasta morir allí...
Pero las cosas no se mueren, solo se olvidan o se rompen.
Yo no era más que una muñeca olvidada hacía años, abandonada en una habitación, olvido de una niña imposible de olvidar.

Camila Saavedra

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