Me mira el guacho, sabe lo que hice, andá a saber quién le contó. Me sigue con esos ojos brillantes, trato de equivarle la mirada pero siento como las pupilas alargadas me punzan.
Le voy a seguir el juego.
Hay que seguirle el juego.
Ahora yo lo miro a ver si huye espantado de ver tanta miseria pero es inútil, refriego mis manos intentando limpiarme la sangre y la culpa pero de nada sirve.
Ondea su cola en la penumbra imitando la danza del humo que escapa del pucho que mis manos temblorosas sostienen, todavía me mira y me sentencia como solo los gatos saben hacerlo.
Los textos se fugan de los renglones, de los márgenes, de la tapa de atrás de los cuadernos. Se escapan y vienen a parar aquí...
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jueves, 18 de abril de 2013
Juez
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