El mundo se llenó de recuerdos. Si, así como te lo digo. Ahhhhh fue terrible. La situación era complicada y no sabés lo incómodo e insalúbre que era caminar entre recuerdos ajenos, andá a saber en que memoria estaban antes, olvidate. Para colmo la gente salió a la calle a reclamar porque la situación ya no daba para más. Lo bueno fue que ahí nomás se tomaron cartas sobre el asunto y; no te voy a decir que se solucionó, pero la situación mejoró bastante. La primer medida que se tomó fue borrar los recuerdos viejos y pedazos de historia, estos últimos ¡no sabés la cantidad de espacio que ocupaban! A demás ahora yo digo para mi, menos mal ¿Para qué guardarlos? Si nadie sabe si son verdad.
La otra medida para evitar que este asinamiento de recuerdos vuelva a pasar, fue racionar los recuerdos, o sea se limitó la cantidad de recuerdos que uno puede tener, "cepo a la memoria" le dicen, yo te lo acepto siempre y cuando no me digas que puedo recordar y que no, pero bueh.
Ahora que me acuerdo con esto de los recuerdos racionados. Al Flaco no sabés lo que le pasó.
Viste que justo anda en esa edad en la que se enamora hasta de la sombra. Bueno resulta que el Flaco se enamoró de la que toca la guitarra en el barrio; ¿Como se llama? Bueno vos sabés de quien te hablo ¿Cierto? La cuestión es que el Flaco no es muy agraciado fisicamente viste y resulta que no tuvo mejor idea que ir y aprenderse unos versos de memoria para decirselos a la muchacha y levantarselá. Bueno el Flaco se los aprendió, obviamente le pasaron la maquinita para descontarle un recuerdo, clin-clin, un recuerdo menos.
Pobre Flaco, fue con los versos aprendidos, se los dijo a la muchachita esta y la mina lo abrazó y le dijo "yo también te quiero, pero como amigo " . Pobre Flaco, ese día se gastó dos recuerdos de gusto nomás: Los versos aprendidos de memoria y el nombre de la chica esta que toca la guitarra.
Los textos se fugan de los renglones, de los márgenes, de la tapa de atrás de los cuadernos. Se escapan y vienen a parar aquí...
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sábado, 22 de febrero de 2014
De memoria
Las tarjetitas
Empezó de un día para el otro, más precisamente una noche. Yo dormía como de costumbre, eso mismo, yo "dormía" tiempo pasado. Mi oído se sensibilizó parece, entonces empezé a sentir como un llanto, los quejidos, el jadeo, el sonido a llanto muy cerca de mi oreja que provenia de alguien que no estaba a mi lado, al abrir los ojos el llanto paró. En ese momento no le dí importancia. Traté de recobrar ese sueño que me habían quitado, cerré los ojos, el llanto con lagrimas y mocos volvió a sonar. No pude pegar un ojo en toda la noche porque si lo hacia me lloraban en la oreja. Vivo solo, digo esto para que la inquietud se agrande, solamente para eso.
Mi falta de sueño ya es evidente, sobre la mesa descansa un termo de café que se desvanece como agua. Mis dedos marcan el compás de una sinfónia rapidísima, mi mal humor lo reciben hasta los muebles, estoy irritado y cansado. Ya no hablo, solo bostezo. Pero es que cierro los ojos y esos ojos me lloran en la oreja. Llámenme loco pero hasta he sentido como las lagrimas me caen en la cara. Yo no puedo vivir así, entre los quilombos terrenales que tengo, también me tengo que preocupar por un espiritu que llora cuando trato de dormir.
Una vez prendí el ventilador de techo en la velocidad más rápida, me acosté y me puse a mirarlo ya que el ventilador está justo sobre la cama y me imaginaba como el ventilador se me caía en medio de la cabeza y el llanto no se escuchaba más, me acuerdo que se me escapó una sonrisa.
Ahora me tengo que volver a casa porque del trabajo me han devuelto para que "descanse". Me subo al bondi, trato de dormirme en el asiento, pero el llanto también suena acá. Sube un niño con los huesos marcados repartiendo tarjetitas para dejar de tener los huesos marcados, recibo una, viene con un papelito abrochado. Dice "Soy sordo...". El niño viene buscando su propina, poseído por la desesperación lo tomo al niño de los hombros y le pregunto a los gritos -¡¿Cómo hiciste para ser sordo?!-. El niño niega con la cabeza, indicandome que no me escucha, que no entiende que carajo le estoy diciendo, pero si entiende que estoy desesperado porque me seca una lágrima que se me escapa y me dá palmaditas en la espalda porque le doy pena.
Los miedos
Estoy atrás tuyo
tirandote miradas a cascotazos
me acompañan doce monstruos negros
babosos, putrefactos
y los dejo sentarse en mi lengua.
Ahí estoy atrás tuyo
con los monstruos
una nube que me escupe,
las medias mojadas
y un paraguas roto.
Preceptos para la lluvia
La gota se ubica
en la cornisa del cielo
justo donde se dibuja la fe
se tira de espalda al vacio
derrama una estela
de nostalgia y conspiración
natural
se estrella con el suelo,
muere
ahora miles de nostalgias
y conspiraciones
descanzan en paz.